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lunes, 21 de octubre de 2013

La mente, ese misterio (que no sabría explicar)

La mente es algo extrañísimo. 
Primer ejemplo idiota.Hoy, en el parcial de Literatura Francesa, bah, de "Literatura de Habla Francesa"(?), cuando leí la segunda consigna, Referirse a la Nouveau Roman, o sea, Nueva Novela, pensé que teatro en francés se escribe raro. Porque mi francés es demasiado escaso y porque creo que tenía esas dos tildecitas que...
En fin, yo me pregunto por qué no en lugar de leer Nouveau Roman y pensar 1950, o Sarraute, o como quiera que se escriba, yo pensé que teatro en francés etcétera. 
Hay una infinidad de cosas que podría haber pensado, y casi que estuve relajada de leer Roman, ortografía tan castellanizable (?), por oposición a como quiera que se escriba teatro en francés. Soy muy mala, en serio.
No, no voy a buscar en google. 

Ejemplo idiota 2. La profesora de lingüística, el año pasado habló del mismo ejemplo: Si a un niño le dices que es alérgico al huevo y se lo repites toda su fucking infancia, cuando el niño coma un huevo le va a dar una patatús al hígado que ni te cuento.

Y ni hablar de esa extraña vocación quijotesca de la mente humana de ver cosas que no hay o de esperar cosas que uno sabe que nada que ver. Me sigue intrigando demasiado cómo se supone que una anoréxica puede verse gorda en el espejo, o cómo un esquizofrénico ve o escucha gente que no está. 
Y no nada más eso, la mente es muy frágil, la percepción sensorial un total engaño: el alcohol, la marihuana, muchas drogas, hasta el mismo agotamiento distorsionan los sentidos. 

De verdad que es muy  engañoso.

Los simbolistas y los surrealistas estaban acertando con fatalidad cuando planteaban que el mundo es inaprensible totalmente. Los sentidos son lo suficientemente limitados como para dudar de que esa lámpara es tal como yo la veo. Y más cuando uno  de esos sentidos empieza a dañarse. Desde que me di cuenta que veo mal, el mundo me parece una estafa terrible. Yo me estaba perdiendo la verdad de las hojas en los árboles, la infinitud de líneas que uno normalmente ve en un edificio.
¡Es una trampa!
Mi paranoia me dice que creer que lo que vemos es algo cierto, cierto de certeza o certidumbre, no de verdadero, es un infantilismo absurdo.

La semiótica con su clausura: todo es signo,todo está en lugar de algo, no hay afuera del signo, la puerta detrás tuyo es signo, el espesor de lo real es interdiscursivo, casi que va pegando en el blanco. No porque no haya una puerta, sino porque cómo comprendes una puerta sin el signo, sin lo que la puerta debería ser: pedazo de madera, picaporte, cerradura, de lo que la puerta significa: puedes entrar, puedes salir.

El hecho de que la comprensión del mundo funcione simbólica y linealmente es el argumento contundente para afirmar que el mundo es incierto,y la percepción un engaño.
En la sola mediación del signo algo tiene que perderse. El conocimiento nunca es directo, se hace através de los sentidos, ya lo dijo Peirce, pero no sólo eso, sino que los sentidos son limitados y volubles. Mientras yo escribo esto, y mientras vos lees esto, es muy posible que hayas ignorado el ruido del auto que pasa.


Y no solo la relación mente/mundo, sino que la relación mente/cuerpo está plagada de engaños que también podrían ser simbólicos (?). Hoy en el gimnasio escuchaba gritar a la profesora de spinnin, una mujer con tanta energía como una canción metalera,  que alentaba a las chicas diciendo "vamos, aquí no existe el cansancio", y entonces vos escuchabas las cadenas de las bicis yendo un poquito más rápido. Casi como si la frase "aquí no existe el cansancio" realmente aboliera el cansancio. 
Me acuerdo que cuando iba a danzas clásicas, noviembre, Santiago del Estero, cuatro de la tarde, cuarenta grados de calor, las chicas (todas en realidad) llegábamos quejándonos del calor. Pero ellas (ellas las copadas, las avanzadas) ritualmente se ponían sus cancanes, los torsos, algunos manga larga, y sus polainas, y realmente, mientras bailaban no sentían el calor.En serio. Una de las chicas llegaba transpirando, pero mientras bailaba no lo hacía. O el dolor, no sé qué onda esas mujeres. La profesora nos taladraba la cabeza cada clase con que el dolor y el cansancio, el resfrío (?) son cosas de la mente. Y lo decía de esa forma natural, tan convencida que vos decías "será que esta señora realmente cree eso"... Pero viendo a las chicas avanzadas, en sus posiciones tan circensemente imposibles y antinaturales, con la cara de placidez de que lo que están haciendo es tan sencillo como lavarse las manos lo hace a uno dudar.

Es todo muy misterioso cuando se trata de humanidad.

O no, y yo tendría que dejar de estudiar esos tontos movimientos vanguardistas, o dormir más, o pensar menos, son todas opciones viables.

Au Revoir, mon ami.

O como quiera que se escriban esas cosas en francés. 

viernes, 18 de octubre de 2013

¡Enojo!

Ayer leí un artículo de un profesor de Filosofía de no me acuerdo dónde, que se llamaba Por qué odio la escuela. Ni viene al caso, pero tal vez esté relacionado con por qué estuve pensando esta mañana en esas cosas.
Yo siempre digo que los profesionales que trabajan con gente, no pueden permitirse el lujo de ser mediocres. 
Una amiga me contaba que en su carrera, psicología, muchos hacen machete.  Machete, vamos, universidad,  ¿y qué estás haciendo copiándote? Me gustaría  ver de frente a esa gente para, primero, agitarle diez libros por la cabeza, y después decirle, "mijo, ¿qué vas a hacer vos cuando tengas un esquizofrénico adelante tuyo?". U otra: medicina. ¡Hijo de dios! Uno suele ir a un hospital con confianza. Y no es que esa gente no se reciba. ¡Lo hace! Y es la misma que te atiende en un hospital de urgencias.

Ese tipo de situaciones me inquietan un poco. A veces digo que en mi carrera, que no sepas un carajo a nadie le importa porque no vas a matar a nadie y nadie se te lo va a suicidar por leer o porque vos no hayas leído la Ilíada.
 Lo que digo es un error. Vamos a estar al frente de alumnos. Los que tienen ambiciones más altas (según ellos) que ser profesores, de una u otra forma van a terminar siendo al menos docentes universitarios, mal que les pese, porque es un gran antecedente y qué difícil ser investigador de prestigio si no sos docente antes. Les tiro un gran jódanse si creen que se van a librar.

Como sea. Me parece que la docencia  es una de las profesiones más riesgosas en ese sentido. Quiero decir, pensemos en una escuela primaria o en una escuela secundaria. Es tristísimo, pero real: la mayoría de los chicos que vienen de antemano con capital cultural  relativamente alto son los que terminan (y no digo exitosa y grandiosamente sino que como mínimo terminan) la escuela, y los que vienen con un capital bajo, oh sorpresa, no lo hacen.

A veces pienso en mi colegio. Está bien, mi colegio era un colegio privado, pongámosle que es mantequita porque en general, una clase media baja o alta viene de antemano con capital cultural transmitido por la familia. Pero igual sirve de ejemplo.
 Por mi colegio veías pasar familias enteras por la bandera. Quiero  decir que si el hermano mayor era abanderado casi seguro los menores también lo eran, es increíble. Algunos nombres suenan, Arce, Rivas Jordán, por qué no unos cuantos Jozamis, se me hace que también había Mishimas, los otros no me los acuerdo, pero eran hermanos. Una cantidad increíble de hermanos que vos veías año a año llevando la bandera... 

No es casualidad. Si la familia está bien preparada, el nene está bien preparado y es uno de los errores más estúpidos de la escuela  en Argentina enorgullecerse de chicos que en realidad vienen con ventaja desde antes. Ese sistema de premios es bastante diabólico porque es una competencia que empieza tramposa y termina igual.

Si en lugar de andar ocupándose de promediar el desempeño en seis años de doce  gatos locos y de reunir una junta para decidir quién  se va a hacer cargo de tal honor , las instituciones pensaran por cinco minutos qué carajo hacer con los chicos que realmente no están logrando ni arañar en los conocimientos básicos necesarios, la cosa sería distinta.

Es casi como si se les echara la culpa a los alumnos por su desempeño. Es MALO, es horrible. La educación es un derecho y hay que garantizarlo, y no le puedes andar echando la culpa a un nene de ocho años de no saber leer si nadie se hace cargo de él, y es una estigmatización que viene desde que son niños, y que obviamente los condiciona para su desempeño posterior en la escuela. Empiezan los años con miedo casi sabiendo que si en este no repiten repiten en el que sigue, que si este no dejan, será el otro. 

Y en estas circunstancias es donde entran los profesores. No sé por qué vi en mi vida tantos pero tantos profesores mediocres. La docencia debería ser una profesión comprometida con el futuro, no con la propia comodidad. Me indigna mucho acordarme de esos profesores que avergonzaban a los otros chicos cuando no sabían algo. ¡Como si no fuera responsabilidad de ellos a veces! No digo que no haya visto profesores excepcionales. Que los vi, los vi, pero eran pocos,  y con uno o dos por año no cambiamos nada. Además, mantequita, colegio privado.

En general, los profesores tendrían que plantearse, antes de decidirse a ser profesores, que en sus manos van a estar cuarenta alumnos o más durante un año. Cuarenta niños. Son cuarenta vidas que, vos dices que no, pero de alguna forma estás influenciando con lo que haces o dejas de hacer. Estoy segura de que si hubiera mejores experiencias docente/alumno el fracaso escolar no sería tan común. 

Un profesor no puede no ser apasionado y no puede no estar comprometido socialmente. Lola. Es así. Si a vos no te interesan tus alumnos,  si a vos no te interesa la gente, no seas profesor, estás dañando muchas vidas. Y si sos docente y realmente no estás comprometido, creo que deberías elegir otro rumbo.

Yo no digo que sea fácil, pero para eso se preparan y por eso pienso que la mediocridad no está permitida para algunos profesionales. 

Me enojan muchísimo algunos profesores de mi facultad, que nadan en títulos, tienen doce doctorados nueve especialidades, y cuatro magisters, y a la hora de dar clase son una pinche penca parada al frente  que ni fu ni fa. Si sabes, enseñá, maldito, hacé algo, hacé el intento. O que ven que un grupo no reacciona con tal metodología , y la mantienen todo el asqueroso cuatrimestre.  Es molesto. Yo sé que hay una idea general de que en la universidad es uno el que...
pero indigna. Indigna que se hagan los buenos, porque supuestamente debería llenarnos de orgullo tener tales eminencias enseñándonos, pero no es así,  si realmente no hacen nada por enseñar. De nuevo: lola. Vos dices que sos doctor, yo te digo ¿Y?  A mí de que me sirve tu título sino sos capaz de interesarte por dar una clase. 

La mediocridad en algunos profesionales no puede permitirse. Afectan a otros. 








martes, 8 de octubre de 2013

Queja abierta

Me ha pasado en los últimos tiempos algo relativamente raro. Medio al estilo Sombrerero/Alicia, varias personas me han acusado de perder algo.  Para seguir con lo del Jabberwocky y Tim Burton/Lewis Carol, de perder mi muchosidad
Realmente me irrita. Yo no creo haber perdido nada, sí puedo haber cambiado, pero qué triste sería no haber cambiado desde mis catorce años hasta los diecinueve. Si después de cuatro años de secundaria, un año y medio haciendo danzas clásicas, varias lecturas de por medio, psicólogo, y casi dos años viviendo a mi propio ritmo en Córdoba no hubiera cambiado, sería, arriesgo (sí, soy sarcástica, no arriesgo, afirmo), una persona boludísima. 

No es que no extrañe a la Julieta que sabía escribir cuentos, y que tenía una respuesta firmemente moral para cualquier dilema, ¡pero ya está! Si yo siguiera siendo como a los catorce años seguiría escuchando Tokio Hotel y mi parámetro literario seguiría siendo Harry Potter (no es que no siga amando Harry Potter, no es esa la cuestión), y eso sería muy triste: significaría que no he avanzado para nada. Que sigo con los mismos esquemas de un colegio católico, del adoctrinamiento horroroso de ser clase media y haber sido criada a la cristiana, de ser la nena de la casa, la hermanita menor, y otros etcéteras. 

Nadie, nadie avanza si sigue siendo el nene de la casa, si sigue haciendo y diciendo lo mismo, si sigue tratando de atenerse a la moral impuesta sin querer queriendo. El mundo necesita cambiar porque el mundo cambia, y nadie avanza si se mantiene en el tristísimo perímetro de su propia sombra. 


Pero lo que me molesta muchísimo más, es que esa gente ¡me acusa! Y acusar es la palabra, porque me lo dicen con reproche, como si quisieran imponerme que yo siga siendo lo que era, que yo me mantenga impermeable a seis años de mi vida: me atrevo a afirmar, a nadie le pasan como si nada veinticuatro horas, no se es el mismo hoy a las seis de la tarde que hoy a las doce de la noche. En cada momento nuestra mente está naufragando y buscando puertos. 

Y no nada más me acusan, sino que ni siquiera consideran el hecho de que tal vez sean ellos los que también han cambiado, los que tampoco pueden mantenerse al nivel delirium, los que han perdido la muchosidad o lo que sea. Porque donde hay dos personas, hay diálogo, hay dialéctica, un puente no se sostiene jamás de un solo lado diría cortázar con sus palabras precisas, ¡tiene que haber intercambio! ¡No es que surge en mí la queja o el chiste porque sí! Hay algo que hace que surja. Y si vos estás al frente y ya no surgimos, ya no hay nada, no nos debemos nada. Chau, en otra ocasión será. 
Salvo unas pocas personas indispensables en la vida, el resto es como una ola en el mar, se va perdiendo desde la inmensidad hasta la orilla, hasta que no se la ve más.

No necesariamente soy yo la estéril: el diálogo es un devenir, algo continuo y necesariamente de a dos. Si buscaban en mí un rastro del pasado impoluto, ¡qué mal que estamos! Para eso está el recuerdo. Los seres de verdad cambiamos.

Y, otra cosa mariposa (?), si sigues viviendo en el pasado, y esperando lo mismo de las mismas personas, es porque hay algo mal con lo que estás haciendo. 



...
De cualquier forma, en esencia, somos los mismos, literatura, humor negro, rock nacional. El cambio está en dos niveles, el superficial ("ay, mirá como habla, cordobesita" (idiotas) y el metafísico ("no sé qué es, pero no es lo mismo").  Cualquier persona que me quiera hablar de Andrés Calamaro, literatura, o lo que sea, es más que bienvenida, pero no esperen que mi canción preferida siga siendo Buena suerte y hasta luego. 


Y si han terminado de leer esto y piensan "pobre, ha perdido su muchosidad", con toda vuestra muchosidad a cuestas... ¡Podéis iros al carajo!


Finalmente, si diez años después, no estamos igual, qué le vas a hacer, Calamaro querido. 




lunes, 7 de octubre de 2013

Del arte y la represión

Sin dudas no soy la primera que trae esta cuestión y la pone sobre la mesa, pero volviendo a temas como la vanguardia (el Cubismo y el Surrealismo, en el apunte de francesa más precisamente), solamente puedo pensar en... cómo decirlo, el impacto de la represión en las búsquedas estéticas.
Siempre me han parecido fascinantes los movimientos de vanguardia por esa irreprochable fuerza expresiva, esa firmeza que uno lee en las palabras y la provocación que suscitan: nada como leer un pedazo del manifiesto surrealista para entenderlo, o leer un poema de Tristán Tzara para decir o "omaigá, qué molestos", o "wow, acabas de convencerme totalmente".

Y creo que ahí es donde entra la represión. No pretendo ser original. Ya ha hablado Freud de sublimación, y honestamente qué sé yo cómo funciona, pero a la manera que los pioneros de la semiótica pretendieron desprenderse de nociones similares a las de psicología, yo voy a fingir que Freud nunca existió y que es producto de una psicosis colectiva alucinante (?).

En fin. Creo que hay algo en el ser humano:  
a) Una parte que necesita ajustarse a la norma, a lo convencional, a lo todos, al grupo.
b) Una parte que es el arte, que es la voz propia, el grito. Ese vómito interior que cobra cualquier forma pero que va en búsqueda del placer, de la liberación, del goce de la libertad y la eliminación (momentánea, sí; más o menos,vicaria, sí) de los pudores. El cruzar la línea de la norma, el rebelarse contra eso que marca el rumbo, es terriblemente propio del humano, y lo que forja su identidad. Basta pensar en el comportamiento de los adolescentes, más allá de que eso sea una... anomia dentro de la norma y lo esperado.

Y a la vez, mepa que mientras más represivo se es con el ser [con el espíritu si nos queremos poner metafísicos a pesar de la hora (la mañana con su seriedad intensa) y el siglo (XXI, con todo el progreso científico a cuestas)] más fuertes son los movimientos, más firmes y bestiales los arrebatos que pretenden soltar  el cuerpecito de trapo y madera, el cuerpecito de marioneta que la represión trata de controlar con sus pobres pero constantes, pero millares, de tanzas, de hilitos que mueven a la marioneta, que tratan de moverla hasta que la marioneta pierde el corazón que ha buscado a lo Pinocho con tesón. 

La represión mueve las fibras más importantes del ser, les da la fuerza del mar y los tornados, porque mientras más intentas contener algo, mayor es la fuerza que hace para liberarse, y no importa que el volcán no estalle, hay algo abajo de la tierra, en lo profundo, que se está calentando y que nadie puede ignorar.
Por eso creo que las épocas más represivas o más... conmocionantes son las que más cantidad de  artistas dan a luz. Porque el arte es el único lugar donde el cuerpo está allá, volando, desdoblándose en miles, mientras la marioneta se disimula inquieta ante las tanzas. Porque el arte es el único lugar que permite la subversión, la rebelión, y la denuncia. Porque es donde los significados se desplazan de los significantes (algo así dijo Barthes una vez), de lo material  para  que la ambigüedad genere esa tensión que indica que hay una queja, un monstruo dormido, o acechante. Una queja, una rebelión, pero dónde exactamente señalarla si ahí dice que, si no hay nada que diga exactamente eso. Pero cuánto lo siente uno. Cuánto logra sentir, con qué fuerza, a la bestia encerrada, su sangre en cauce incontrolable través las venas, su respiración acezante e inquieta, la bestia que cuando abrimos el libro salta a la cara y se hace presente con sus gruñidos fantásticos y horrorizados.

El arte es el león que gruñe a su domador para advertir la inminencia del zarpazo. 

domingo, 6 de octubre de 2013

Domingos y domingos.

Estoy con alma de domingo, alma de nada, de quedarme en casa, y dejar que suene ese álbum completo que alguien ha subido a su enfático muro de facebook.
Me pregunto por qué ese afán de retraimiento y encierro que nos agarra de vez en cuando, medio traicioneramente, por la espalda y amenazando con la boca de la pistola pegada a la espalda. Pura mala fé nuestro otro yo que nos va manoseando y haciéndose el oso.
Uno sabe que es domingo y que todo el día perdió tiempo, pero es casi el imperativo de domingo, en especial si no hay una obligación que nos patee y nos obligue a alzar los ojos, bien alerta.

El espíritu de domingo es espíritu de vagancia para los ateos como lo es de misa para los cristianos. O mejor: el domingo es la santa misa del vago, o del que quiere tranquilizarse porque nada le rompe las bolas.La comunión consigo mismo. Partir las galletitas, y tomar el café. En conmemoración nuestra (o tuya).

Sin embargo qué asesino estar nada más con uno mismo tanto tiempo. Qué asesino el café, las lecturas, y ni hablar la propia cabeza que anda encontrándose monstruos  hasta abajo de la mesa.

Encierro, fin de semana y soledad, yo sé que en mí, no terminan bien. Pero qué hacer. Qué hacer un domingo...

Yo creo que por todo el ocio que uno amontona el fin de semana, debe ser el domingo el día más propicio para suicidarse. No, yo nunca pienso en suicidarme. En serio, lo digo en serio, no te preocupes. ¿Pero en dónde escuché lo del dominguicidio?

Creo que Voltaire tenía razón con su moral práctica y eso de que hacer filosofía es nocivo para el espíritu humano (?). Hay que tener huerta propia. (?)


Hablando en serio, hay que tener la cabeza y el cuerpo bien atareados si uno quiere  evitarse la depresión/la tristeza/el autoboicot/la obesidad (?). En especial el cuerpo, porque la mente se acelera mucho; pero si uno ocupa el cuerpo, también se cansa la mente, es una cosa maravillosa. Por eso amo el gimnasio. Ahí voy a cansar el cuerpo para que la mente no entre en crisis y apriete el botón de autodestrucción.

¡En serio que es más difícil estar tranquilo cuando uno está solo! Mucho tiempo así y terminas queriendo romper la pared con la cabeza, aunque sepas que la pared no se va a romper, y que es medio boludo.  El peligro de la soledad es que uno empieza a olvidarse de esas cosas que se advierten con los otros. Como Bauman decía, lo que tenía el desierto era que uno podía salirse de lo social, y por eso se acercaba a dios, porque no había un límite impuesto por otro. Era un diálogo con uno mismo, un ego que se volvía absoluto.

 Pero, si vos estás con otra persona, desistes de plantearte "che, voy a romper la pared con la cabeza", porque continuamente la convivencia te recuerda esas boludeces, esos malos actos o hábitos. Uno aprende mirando al otro y estando en conjunción (ja) con el otro.

La humanidad no está hecha para la Santa Soledad del domingo. Aguantamos así dos dias, y si van tres  ya empezamos a encontrar las formas más económicas de suicidarnos. (No, no soy depresiva. No, no hablo en serio, nunca pensé en suicidarme. Basta, dejá de preocuparte por mí, solamente es domingo y estuve sola mucho tiempo.)

Lo más sano es llamar a un amigo, y que el café sea para dos, pero eso implica un hacer, y eso está estrictamente prohibido durante la misa de los vagos.

Alerto al mundo y a mí que solamente quedan cuatro horas de domingo, y que eso es deprimente. Mañana voy  a desperdiciar en la facultad las horas de la tarde que hoy he desperdiciado encerrada en mi departamento, tomando tereré y comiendo galletitas con dulce de leche. La humanidad no es cuerda.




jueves, 29 de agosto de 2013

De los sitios de internet y los pactos de lectura (?)

Esta tarde, el profesor del Seminario dio un concepto de (creo) Souza Santos, la razón metonímica, que me hizo acordar de algo (¿se dice a algo?) que vengo pensando desde hace banda y es en las redes sociales y algunos sitios de internet.
No es que me las quiera dar de socióloga pro, ni nada por el estilo, pero se me ocurría que todos los sitios tienen sus propias normas, su propio contrato...(!) Para acercarnos más al concepto "razón metonímica",  (lo estoy agarrando moooy traído de los pelos, pero me dieron limones, haré limonada, es lo que hacemos en mi carrera) , tienen su código, sus normas de interacción que te dicen qué se puede y qué no (nadie aclara por qué, y es como el cuento de los cinco monos y la banana). En fin, esas normas que dan lugar a la reproducción, repetición, etc., y que establecen una legalidad.

Pensaba en facebook, versus algunos foros más bien frikis (xD) por los que he transitado en mis épocas oscuras (y a mucha honra), y a los que me cuesta volver por falta de tiempo. 

Cuando inicialmente me daban vuelta estas cosas en la cabeza pensaba en los días en que me cambié el nombre por Narices de Ciruela, y la mitad de las personas pensaron en eliminarme porque "¿quién es este?"
Mientras yo pensaba que en MI facebook, que al fin y al cabo es otro lugar más de internet, podía hacer lo que se me cante, estaba mezclando dos códigos. O al menos los que nunca entraron a un foro entendieron MI código. 

Resumiendo. Me puse el nick del foro (un foro friki, de animé, que tenía una sección de Literatura que fue mi  mayo del 68) en facebook. 

En un foro el contrato es el nickname, el seudónimo. Esconder tu identidad. Si quieres tu edad, si quieres tu sexo, si quieres tu nacionalidad. El contrato de los foros es la seudonimia, el doble, casi que esconderse. Está esa vía de escape para ser quien se te ocurra ser, total... (Obama podría llamarse El negro bonito, dije alguna vez...)

De facebook se espera otra cosa, y ese es a veces el riesgo que pueden correr los más chicos (en realidad, cualquiera que sea ingenuo y agregue a cualquiera). El que está del otro lado se supone, está obligado por contrato, a decir la verdad. 

¡Cuántas veces he visto situaciones de este tipo! Chicos diciendo "qué buena que está esa mina"... y yo, "boludo, es amiga de mi prima, tiene doce años", "pero aquí dice que tiene diecinueve". Sí, claro, diecinueve tu hermana. El caso terminó en estupro (?). (JAJAJA)

Uno asume que todo lo que tiene escrito el otro en su perfil es cierto. ¿Cuántas veces he visto por ahí gente a la que le cambiaron la fecha de cumpleaños y todo el mundo lo saluda en un día aleatorio?

El riesgo de las redes sociales es asumir que todos van acorde a la legalidad, y que respetan ese "pacto de lectura", cuando no es así. Los más chiquitos se ponen edades de mentira, porque facebook tiene un límite de edad (que en realidad no sé cuál es), y automáticamente el "recomendador" les invita a añadir gente más grande. Tal vez es por eso que vi chicos de veinte años diciendo que buena que está está mina mirando la foto de una púber...

¡No hay que ser inocente, hecha la ley hecha la trampa!

¡El contrato es la certidumbre de que vos sos sincero, el otro es sincero, ese es tu nombre, y ese tu apellido!
(se me ocurre un caso de apellido en este instante)

Como sea, hay otras cosas que establecen otras normas. Saliendo del ejemplo de facebook, me acuerdo de aquellas épocas en que conocer los memes, era algo de frikys y geeks, y esos habitantes de los inframundos cibernéticos. Encontrar a alguien que conociera los memes significaba comenzar la misa, entrar en comunión, cortar el pan y el vino para ponerse a hablar en términos de Fuck yea! o Yao Ming, o LoL, era realmente algo que significaba distinción. Eventualmente se hicieron universales, y terminó el encanto. Pero quiero decir que conocer ese código, significaba en su momento algo de vos. Si conocías los memes tenías que haber andado por 9gag o 4chan...

Quiero decir que así como el aula tiene su contrato docente-alumno (allí comenzaron estas reflexiones que tal vez algún día tengan más pies y más cabeza), los sitios web también se establecen siendo algo así como "instituciones" en las que se establecen contactos (contratos, quise decir) entre las personas.

Nadie en facebook va a decir: Te dejo mi huellita, effeame. Porque no tiene nada que ver.  Se pone Me gusta. Cosa que me parece de lo más ambigua. 

[Hasta me acuerdo que una conocida dijo "¿No me digas que postea cosas políticas en facebook?", con cara de asco. (Yo publico poesías, viene a ser lo mismo.) 
Que la gente en su facebook haga cosas no significa que el otro se lo espere. 
Al escribir cualquiera de estas cosas y postearlas en facebook estoy transgrediendo la norma, pero no es mi culpa que sea tan mala administradora de blogs.]



Au revoir. Los saluda atentamente, Narices. 
      




domingo, 28 de julio de 2013

Carta a un teatrerito.

No supe más de vos
en la vuelta.
Coincidimos por coincidir con esa ironía con la que el mundo nos dice que el tiempo se nos pasa entre tanto palabrerío y tan poca cosa.
Coincidimos como una redención y  una culpa, saber que ahí estábamos, y que no fuimos.
Con cinco minutos de cruzarnos, y solamente pensar que te deberías cortar el pelo, que teníamos que contarnos tantas cosas, que nos debemos un viaje en submarino. O contar un viaje con un submarino.
Y así, otra promesa a contraluz, enrevesada, que no cumplimos porque qué sé yo. Ya andarás vos por tu Buenos Aires querido, y yo aquí, de nuevo en mi guarida me pregunto si Córdoba no tiene otro ritmo que el de un poema que no me gusta, diciéndome que Rubén Darío debía ser medio maricón.

Coincidimos por coincidir.

Como en un baile. Valseando nos miramos, y no nos volvimos a quedar de frente entre giro y giro, ni para decirnos "che, este tema es mío".  O para decírnoslo y olvidarnos. Para poder fregarnos en la cara que nada. Que ahí estábamos. Espacialmente cerca.

¡Pero cuánta gente está aquí! Y uno camina. Y ve el momento preciso en que una incógnita rompe a llorar, con el gesto torcido, con los ojos gritando.
El momento preciso en que un chico fascinado camina mirando al piso y al amor...

Y uno está ahí, para presenciarlo, pero ese encuentro...

Es a la final otro desencuentro. Como todo en la vida.

Otra sinrazón de estar aquí porque sí. De saber que hay momentos en que no hay nada que corra por nuestra cuenta, por nuestras venas.

De saber que hoy estoy aquí porque yo quise, y tal vez porque no quise irme, y todo el tormento metafísico y físico y mental de que aquí estoy, aquí estoy pero podría estar en cualquier otro lado.

Con el frío que viene de afuera solamente puedo pensar que hace frío, y que esto es como tantas otras veces en que estuve escribiendo. Con las manos frías y los pies helados.

Y a veces resignada, y hoy, ataráxica, idiotizada. Qué importa en este mundo si mañana te olvidaste del parcial que desaprobaste. Del chico que no te dio bola. Si mañana te importa un huevo que estés gordo, o si tu ex en realidad no te quería.

Estamos de paso. Coincidimos por coincidir. Dentro de ese margen de caos que hace que vos y yo nos crucemos. Y nos prometamos algo que no vamos a cumplir.

Será otra vez, en la costa, cuando de nuevo me cague un quetubí. Cuando de nuevo me insole. Cuando de nuevo no nos traigan ni el submarino ni los alfajores, y solamente tengas veinte minutos para llegar al laburo.

Cuando haya un festival de jazz al que lleguemos a los últimos cinco minutos.


Qué sé yo. Sé feliz allá lejitos, donde estarás haciéndote problemas que no existen.





lunes, 25 de febrero de 2013

Long live the queen

   Tengo una teoría. Hay alguien que me dice que para que una novela sea buena tiene que tener un conflicto. Lo acepto, pero lo niego. No tiene que haber un conflicto, tiene que haber algo que va más allá del conflicto,  algo que se sale de la simpleza de un conflicto, y ahonda mucho más, tal vez tenga que ver con la "comisceración y el temor" (o hasta con el pathos, lo patético) que ya Aristóteles dijo y repitieron los... af, todos  lo repitieron, todo, mutatis mutandis, pero la gente vive parafraseando a los griegos, y los griegos a quién sabe quién. 

    Hoy vi una película, genial. Genial. Pero horrible. La película termina tristísimo. Odio esas películas porque me dejan boludamente angustiada, mucho, como si le hubieran pasado esas cosas a mi vieja o algo así (ya la veo a mi mami vestida de Queen Elizabeth... cool.).

     En la película la mano derecha de la Reina Isabel, los Cecils, la traicionan, su hijo va a la horca, su viejo amante muere pobre,  su enemigo político termina en el trono, en fin todo termina para la mierda; y pretenden que haya un vislumbre de esperanza cuando uno de los personajes (otro traidor a su modo) encuentra los manuscritos del amante de la reina, el conde de Oxford (firmados  por ¡wow, Shakespeare!); pero, ¡no! No me agrada ese final.  (Acabo de arruinarte una buena película, perdón.)

   Yendo más o menos al punto...
  Creo que hay algo que define al humano, es su esencia: todos, absolutamente todos, tenemos un sentido, siquiera el más nimio de la justicia, todos diferenciamos si algo está bien o mal, a pesar de que nadie se atreva a definir los conceptos, (yo menos, es trabajoso y soy irremediablemente vaga.), y a pesar de que yo lo escriba de forma muy llana y hasta tonta.
   Es eso lo que hay en las grandes obras literarias de la historia: nos causan una terrible indignación, nos duelen en el alma, porque intuimos algo injusto, doloroso e inminente. Por eso contenemos la respiración cuando Edipo se va condenando a  sí mismo, y cuando  irremediablemente se entrega y corre a pincharse los ojos, cuando Nun y Diana hacen el amor por última vez y avanzan en las filas, cuando Patroclo cae herido por portar la armadura de Aquiles, cuando Romeo se suicida al creer muerta a Julieta.

    Hay algo doloroso e injusto que nos oprime, ¡Ey tú, boludón, el que escribió esto, las cosas no tienen que terminar así, qué sabé vo de la vida, ¿ah? ¿ah?!
    
   ¡Pero por eso es trágico!, y por eso la gente lo lee, lo ve, o bueno, acorde a los tiempos: lo consume. Porque hay algo que nos toca bien adentro. Porque todos somos vulnerables, y así como Ulises no quiere reirse de Ayax, porque también se sabe mortal, ¡no hay forma de que nosotros no lloremos estúpidamente cuando muere  Mufasa! 

   Tal vez sean dos cosas distintas pero van de la mano: es injusto, es terrible e injusto, y a la vez, te puede pasar, -o, katharsis, te está pasando, cuando lo lees/ves - y sientes la injusticia y la...terribilidad(?) de lo que pasa, y dices "oh, por dios, este mundo es horrible, no quiero seguir viendo esto".

    En fin, creo que esa es la condición sine qua non (wtf? Sabía yo conscientemente qué significaba eso?, los cerebros son sorprendentes) para una buena ficción.


     Por lo demás este ha sido otro gran rodeo, porque uno puede "escribir algo injusto", que no te mueva un pelo, por ejemplo : 
  Yo rompí el televisor, lo culpé a mi hermano, y mi papá en un ataque de ira lo asesinó. Le dije de su error horrorizada, y él tuvo que suicidarse para soportar la culpa. Fin. (Creo que escribí un microcuento :O)

     Así que, bueno, eran sugerencias argumentales, los detalles de la ... em, elocutio (?) los podrías buscar en el arte nuevo de hacer comedias, o en algún taller de escritura de noveno grado.
Si has llegado a leer hasta aquí, te voy a dejar con la misma amargura que yo tengo: esto fue una pérdida de tiempo. En tu caso habrán sido dos minutos. En el mío fueron cuarenta minutos, y la primera epifanía ahora solamente se siente como cansancio y dolor de panza. 

[Nunca voy a poder ser una teórica porque me desmiento siempre cinco párrafos más abajo. ]

Suerte y... 
¡Long live the queen!


martes, 12 de junio de 2012

Yo no te digo amor ni te voy a decir todos los días que por vos vivo ni que sos lo más importante
porque es mentira.
Y nada más.

Cuando alguien te diga que te quiere por siempre a su lado, cuando alguien te repita hasta el cansancio que quiere toda una vida con vos, no le creas, porque también miente.
Y si yo te lo digo, no me creas. ¡Nunca me creas si alguna vez te llego a decir que te voy a querer por siempre!
Ni aunque te lo jure ni aunque suene sincera ni aunque nada, porque tendemos a romperlo todo.

Tendemos a ser torpes. El tiempo, este maldito mundo, nuestra propia sangre batiéndose en las venas nos obliga a corromper las palabras, a quebrar hasta lo inexistente, a hacer añicos cielo historias valores mundos sueños esperanzas miedos.

Todo es corruptible. Todo se metamorfosea.

Y qué más lábil, qué más débil, qué más volatil que las palabras, que fluyen en el aire y vuelan o caen como plomo hasta los confines del olvido.
Qué más terrible y engañoso que lo que se dice que y se nos marca con fuego en el pecho. Nos miramos el sello terrible sobre la piel en el espejo, y está del revés.

Séver led átse.

SÉVER LED ÁTSE.

Y con el tiempo se borra. Porque el tiempo lo lleva todo, y me chupan un huevo todas las interpretaciones existenciales sobre la angustia de la fugacidad del tiempo, lo digo en serio, me quiero salir de esta abstracción, el tiempo nos llena de polvo los ojos, tragamos tierra, nos intoxicamos, los oídos se vuelven como agujeros negros, las manos se arrugan, mudamos la piel, y lo que dijimos y fuimos es solo
otra
mentira.

Es horrible estar diciendo que solamente el presente sirve al presente.

Pero el mañana, oh, es tan lejano, tan abstracto, tan... yo qué sé que será del mañana. Con qué ojos te voy a ver a la cara.



Pero sí es verdad que hoy te extraño tanto.