jueves, 29 de agosto de 2013

De los sitios de internet y los pactos de lectura (?)

Esta tarde, el profesor del Seminario dio un concepto de (creo) Souza Santos, la razón metonímica, que me hizo acordar de algo (¿se dice a algo?) que vengo pensando desde hace banda y es en las redes sociales y algunos sitios de internet.
No es que me las quiera dar de socióloga pro, ni nada por el estilo, pero se me ocurría que todos los sitios tienen sus propias normas, su propio contrato...(!) Para acercarnos más al concepto "razón metonímica",  (lo estoy agarrando moooy traído de los pelos, pero me dieron limones, haré limonada, es lo que hacemos en mi carrera) , tienen su código, sus normas de interacción que te dicen qué se puede y qué no (nadie aclara por qué, y es como el cuento de los cinco monos y la banana). En fin, esas normas que dan lugar a la reproducción, repetición, etc., y que establecen una legalidad.

Pensaba en facebook, versus algunos foros más bien frikis (xD) por los que he transitado en mis épocas oscuras (y a mucha honra), y a los que me cuesta volver por falta de tiempo. 

Cuando inicialmente me daban vuelta estas cosas en la cabeza pensaba en los días en que me cambié el nombre por Narices de Ciruela, y la mitad de las personas pensaron en eliminarme porque "¿quién es este?"
Mientras yo pensaba que en MI facebook, que al fin y al cabo es otro lugar más de internet, podía hacer lo que se me cante, estaba mezclando dos códigos. O al menos los que nunca entraron a un foro entendieron MI código. 

Resumiendo. Me puse el nick del foro (un foro friki, de animé, que tenía una sección de Literatura que fue mi  mayo del 68) en facebook. 

En un foro el contrato es el nickname, el seudónimo. Esconder tu identidad. Si quieres tu edad, si quieres tu sexo, si quieres tu nacionalidad. El contrato de los foros es la seudonimia, el doble, casi que esconderse. Está esa vía de escape para ser quien se te ocurra ser, total... (Obama podría llamarse El negro bonito, dije alguna vez...)

De facebook se espera otra cosa, y ese es a veces el riesgo que pueden correr los más chicos (en realidad, cualquiera que sea ingenuo y agregue a cualquiera). El que está del otro lado se supone, está obligado por contrato, a decir la verdad. 

¡Cuántas veces he visto situaciones de este tipo! Chicos diciendo "qué buena que está esa mina"... y yo, "boludo, es amiga de mi prima, tiene doce años", "pero aquí dice que tiene diecinueve". Sí, claro, diecinueve tu hermana. El caso terminó en estupro (?). (JAJAJA)

Uno asume que todo lo que tiene escrito el otro en su perfil es cierto. ¿Cuántas veces he visto por ahí gente a la que le cambiaron la fecha de cumpleaños y todo el mundo lo saluda en un día aleatorio?

El riesgo de las redes sociales es asumir que todos van acorde a la legalidad, y que respetan ese "pacto de lectura", cuando no es así. Los más chiquitos se ponen edades de mentira, porque facebook tiene un límite de edad (que en realidad no sé cuál es), y automáticamente el "recomendador" les invita a añadir gente más grande. Tal vez es por eso que vi chicos de veinte años diciendo que buena que está está mina mirando la foto de una púber...

¡No hay que ser inocente, hecha la ley hecha la trampa!

¡El contrato es la certidumbre de que vos sos sincero, el otro es sincero, ese es tu nombre, y ese tu apellido!
(se me ocurre un caso de apellido en este instante)

Como sea, hay otras cosas que establecen otras normas. Saliendo del ejemplo de facebook, me acuerdo de aquellas épocas en que conocer los memes, era algo de frikys y geeks, y esos habitantes de los inframundos cibernéticos. Encontrar a alguien que conociera los memes significaba comenzar la misa, entrar en comunión, cortar el pan y el vino para ponerse a hablar en términos de Fuck yea! o Yao Ming, o LoL, era realmente algo que significaba distinción. Eventualmente se hicieron universales, y terminó el encanto. Pero quiero decir que conocer ese código, significaba en su momento algo de vos. Si conocías los memes tenías que haber andado por 9gag o 4chan...

Quiero decir que así como el aula tiene su contrato docente-alumno (allí comenzaron estas reflexiones que tal vez algún día tengan más pies y más cabeza), los sitios web también se establecen siendo algo así como "instituciones" en las que se establecen contactos (contratos, quise decir) entre las personas.

Nadie en facebook va a decir: Te dejo mi huellita, effeame. Porque no tiene nada que ver.  Se pone Me gusta. Cosa que me parece de lo más ambigua. 

[Hasta me acuerdo que una conocida dijo "¿No me digas que postea cosas políticas en facebook?", con cara de asco. (Yo publico poesías, viene a ser lo mismo.) 
Que la gente en su facebook haga cosas no significa que el otro se lo espere. 
Al escribir cualquiera de estas cosas y postearlas en facebook estoy transgrediendo la norma, pero no es mi culpa que sea tan mala administradora de blogs.]



Au revoir. Los saluda atentamente, Narices. 
      




sábado, 24 de agosto de 2013

Creencias de madrugada

No creo que en este día las cosas hayan sido así por algo.
¿O sí?

Creo en el frío en mi desorden,
mi casa.
Creo en mis manos heladas que no atinan a la tecla de la computadora.
Creo en el silencio y en la ausencia.
Son la misma cosa.

Creo que creo en la redundancia. Creo.

Creo en el punto ciego de Córdoba
donde un sábado
-¡hoy lo encontré!-
a las tres de la mañana
puedes escuchar el sonido de tus pasos
y tu voz como
uno dos tres ecos, sin que ningún adolescente boquiflojo
grite alguna guasada

y eso es tan real
como que mañana voy a despertar y este frío va a ser
solamente una pesadilla
o un dolor de garganta. El frío tiene sus extrañas maneras de cagarnos el fin de semana.

creo en el ascensor
y que los porteros son metidos
y esto último es tan cierto, que debería ser religión o ideología

creo en la mesa
en los platos sucios esperando la redención santa del detergente
el perdón de los pecados

creo que tengo hambre
y que la gente piensa que solo hablo de comida

y creo que tengo sueño
y ese fue hoy mi leit motiv

creo en mi cama
supongo que no se fue a ningún lado

creo que ser una cama debe ser aburrido

sé que Córdoba está ahí abajo
que es ese momento molesto de la noche
donde sale la gente del encierro posmoderno del boliche

apuesto que algún chabón se ganó la lotería con una mina bastante borracha
o que alguna mina fue al departamento de un chabón
esperando un café, parece que esas cosas pasan.

Me contaron. Yo les creo.

Creo en el reencuentro,
y en la euforia del reencuentro,
Creo en cinco pesos de propina a un mozo
que habrá pensado

tanto comieron y tan poca plata dejan, malditas adolescentes risueñas


Creo que son las cinco y tres minutos de la  madrugada
y que todo lo que creí esta noche

va a seguir estando muchos sábados más

Y eso creo que puede ser la paz


y eventualmente la guerra.

Hoy es la paz.

Y me alegra creer eso.



lunes, 19 de agosto de 2013

el perdón de los pecados

¿Por qué
hoy crucé el umbral 
y no estabas?

no te vi en el infierno
chamuscándote
lamiendo la ceniza

no levitamos juntos al cielo
para mordisquear las nubes
y tantear la luna

pagué y prendí la luz mil veces
y los monstruos me seguían mirando
me roían el alma

no entiendes cómo
me mataban desde dentro
golpeándome el cráneo
moliéndome los huesos

¿Por qué no estabas
para espantarlos?

hurgué entre la escarcha
con las manos deshechas 
y no estabas
al final del túnel

rompí la arena
y abrí el desierto
y no estabas ni en el espejismo
ni tras los camellos

busqué tu voz
en medio del coro trágico
y la ironía me encontró a mí
buscándote
y perdiéndome

No sé si te dije
pero no estabas

crucé mil puertas
te he buscado en los libros
y en los balcones

he descendido por las escaleras de mármol
y he subido hasta el olimpo

he permanecido
ataráxica en el limbo
he llegado al nirvana
y después caminé sobre el mar

con la paz del viento
y el rumor lejano de la noche
di hasta mi corazón
en las guerras floridas

y no estabas

¿A dónde estás?
Que la mañana no me trae tu sosiego
y tengo de nuevo la inquietud

de que juntos ya no podemos partir las aguas
para cruzar el umbral

viernes, 16 de agosto de 2013

He te-me-nos aquí
revolucionados
p a r t i d o s
deshechos.

Vivir en dos mundos
desdoblado siempre
herido

Al medio un rayo una flor
una estrella un acantilado

el abismo

De aquí vos mirando
y de allá vos mirándote
recorriéndote

Saltar
para sentir la caída

para no sentir nada

para tragarse todo

el aire
las moscas
el vacío
lo ajeno
el universo

Saltar
para caer y caer y caer

parar
en el instante eterno
de la caída
parar
parar
morir
para saberse vivo


el riesgo nos mantiene a tono

rompernos
para encontrar lo vital
lo completo

Destruirse
para armarse
para mirarse por completo
cabales
unificados

arruinarse

para erigirse sobre el camino sobre el mundo

para ser

el cielo
el arte
lo magno
lo vital
lo imprescindible
la tarde en paz
la garúa
el viento norte sacudiendo el lago

el ómnibus que parte inquieto lleno de esperanzas
y miedos
atravesando rutas
las mismas que nos quiebran

que nos llaman
a rompernos

a partirnos

ser
no ser


la pura destrucción

solamente saltar

y ver si hay algo

que merezcamos.




domingo, 28 de julio de 2013

Carta a un teatrerito.

No supe más de vos
en la vuelta.
Coincidimos por coincidir con esa ironía con la que el mundo nos dice que el tiempo se nos pasa entre tanto palabrerío y tan poca cosa.
Coincidimos como una redención y  una culpa, saber que ahí estábamos, y que no fuimos.
Con cinco minutos de cruzarnos, y solamente pensar que te deberías cortar el pelo, que teníamos que contarnos tantas cosas, que nos debemos un viaje en submarino. O contar un viaje con un submarino.
Y así, otra promesa a contraluz, enrevesada, que no cumplimos porque qué sé yo. Ya andarás vos por tu Buenos Aires querido, y yo aquí, de nuevo en mi guarida me pregunto si Córdoba no tiene otro ritmo que el de un poema que no me gusta, diciéndome que Rubén Darío debía ser medio maricón.

Coincidimos por coincidir.

Como en un baile. Valseando nos miramos, y no nos volvimos a quedar de frente entre giro y giro, ni para decirnos "che, este tema es mío".  O para decírnoslo y olvidarnos. Para poder fregarnos en la cara que nada. Que ahí estábamos. Espacialmente cerca.

¡Pero cuánta gente está aquí! Y uno camina. Y ve el momento preciso en que una incógnita rompe a llorar, con el gesto torcido, con los ojos gritando.
El momento preciso en que un chico fascinado camina mirando al piso y al amor...

Y uno está ahí, para presenciarlo, pero ese encuentro...

Es a la final otro desencuentro. Como todo en la vida.

Otra sinrazón de estar aquí porque sí. De saber que hay momentos en que no hay nada que corra por nuestra cuenta, por nuestras venas.

De saber que hoy estoy aquí porque yo quise, y tal vez porque no quise irme, y todo el tormento metafísico y físico y mental de que aquí estoy, aquí estoy pero podría estar en cualquier otro lado.

Con el frío que viene de afuera solamente puedo pensar que hace frío, y que esto es como tantas otras veces en que estuve escribiendo. Con las manos frías y los pies helados.

Y a veces resignada, y hoy, ataráxica, idiotizada. Qué importa en este mundo si mañana te olvidaste del parcial que desaprobaste. Del chico que no te dio bola. Si mañana te importa un huevo que estés gordo, o si tu ex en realidad no te quería.

Estamos de paso. Coincidimos por coincidir. Dentro de ese margen de caos que hace que vos y yo nos crucemos. Y nos prometamos algo que no vamos a cumplir.

Será otra vez, en la costa, cuando de nuevo me cague un quetubí. Cuando de nuevo me insole. Cuando de nuevo no nos traigan ni el submarino ni los alfajores, y solamente tengas veinte minutos para llegar al laburo.

Cuando haya un festival de jazz al que lleguemos a los últimos cinco minutos.


Qué sé yo. Sé feliz allá lejitos, donde estarás haciéndote problemas que no existen.





lunes, 25 de febrero de 2013

Long live the queen

   Tengo una teoría. Hay alguien que me dice que para que una novela sea buena tiene que tener un conflicto. Lo acepto, pero lo niego. No tiene que haber un conflicto, tiene que haber algo que va más allá del conflicto,  algo que se sale de la simpleza de un conflicto, y ahonda mucho más, tal vez tenga que ver con la "comisceración y el temor" (o hasta con el pathos, lo patético) que ya Aristóteles dijo y repitieron los... af, todos  lo repitieron, todo, mutatis mutandis, pero la gente vive parafraseando a los griegos, y los griegos a quién sabe quién. 

    Hoy vi una película, genial. Genial. Pero horrible. La película termina tristísimo. Odio esas películas porque me dejan boludamente angustiada, mucho, como si le hubieran pasado esas cosas a mi vieja o algo así (ya la veo a mi mami vestida de Queen Elizabeth... cool.).

     En la película la mano derecha de la Reina Isabel, los Cecils, la traicionan, su hijo va a la horca, su viejo amante muere pobre,  su enemigo político termina en el trono, en fin todo termina para la mierda; y pretenden que haya un vislumbre de esperanza cuando uno de los personajes (otro traidor a su modo) encuentra los manuscritos del amante de la reina, el conde de Oxford (firmados  por ¡wow, Shakespeare!); pero, ¡no! No me agrada ese final.  (Acabo de arruinarte una buena película, perdón.)

   Yendo más o menos al punto...
  Creo que hay algo que define al humano, es su esencia: todos, absolutamente todos, tenemos un sentido, siquiera el más nimio de la justicia, todos diferenciamos si algo está bien o mal, a pesar de que nadie se atreva a definir los conceptos, (yo menos, es trabajoso y soy irremediablemente vaga.), y a pesar de que yo lo escriba de forma muy llana y hasta tonta.
   Es eso lo que hay en las grandes obras literarias de la historia: nos causan una terrible indignación, nos duelen en el alma, porque intuimos algo injusto, doloroso e inminente. Por eso contenemos la respiración cuando Edipo se va condenando a  sí mismo, y cuando  irremediablemente se entrega y corre a pincharse los ojos, cuando Nun y Diana hacen el amor por última vez y avanzan en las filas, cuando Patroclo cae herido por portar la armadura de Aquiles, cuando Romeo se suicida al creer muerta a Julieta.

    Hay algo doloroso e injusto que nos oprime, ¡Ey tú, boludón, el que escribió esto, las cosas no tienen que terminar así, qué sabé vo de la vida, ¿ah? ¿ah?!
    
   ¡Pero por eso es trágico!, y por eso la gente lo lee, lo ve, o bueno, acorde a los tiempos: lo consume. Porque hay algo que nos toca bien adentro. Porque todos somos vulnerables, y así como Ulises no quiere reirse de Ayax, porque también se sabe mortal, ¡no hay forma de que nosotros no lloremos estúpidamente cuando muere  Mufasa! 

   Tal vez sean dos cosas distintas pero van de la mano: es injusto, es terrible e injusto, y a la vez, te puede pasar, -o, katharsis, te está pasando, cuando lo lees/ves - y sientes la injusticia y la...terribilidad(?) de lo que pasa, y dices "oh, por dios, este mundo es horrible, no quiero seguir viendo esto".

    En fin, creo que esa es la condición sine qua non (wtf? Sabía yo conscientemente qué significaba eso?, los cerebros son sorprendentes) para una buena ficción.


     Por lo demás este ha sido otro gran rodeo, porque uno puede "escribir algo injusto", que no te mueva un pelo, por ejemplo : 
  Yo rompí el televisor, lo culpé a mi hermano, y mi papá en un ataque de ira lo asesinó. Le dije de su error horrorizada, y él tuvo que suicidarse para soportar la culpa. Fin. (Creo que escribí un microcuento :O)

     Así que, bueno, eran sugerencias argumentales, los detalles de la ... em, elocutio (?) los podrías buscar en el arte nuevo de hacer comedias, o en algún taller de escritura de noveno grado.
Si has llegado a leer hasta aquí, te voy a dejar con la misma amargura que yo tengo: esto fue una pérdida de tiempo. En tu caso habrán sido dos minutos. En el mío fueron cuarenta minutos, y la primera epifanía ahora solamente se siente como cansancio y dolor de panza. 

[Nunca voy a poder ser una teórica porque me desmiento siempre cinco párrafos más abajo. ]

Suerte y... 
¡Long live the queen!


jueves, 24 de enero de 2013

Sos tan obvia, amor

El auto ronronea
como gato dormido
en la puerta.

Vos
te sacudís como una hojita
del frío que te revuelve.

Por qué no lloras ya
y nos ahorramos este teatro. 
este mirarnos, incómodos,
entre la espada y la pared.
Este estar, los brazos cruzados, 
los ojos gachos. 

Sabés
que vos, al llanto
y yo, a la nada.
Este juego lo jugamos mucho.

Sos tan obvia, amor.

Cuando llorás hay un algo inevitable, 
un algo que surge
de la tierra
que mana de las plantas y las hace crecer
despiadadas

miles de agujeros negros abriéndose

miles de ojos cerrándose, entornándose,
mirándonos.

y el mundo entero 
se exilia, y vuelve, 
la calle
te mira, se inclina sobre vos
los faroles
te iluminan,  hermosa...

Sos tan obvia, amor.
Cuando llorás, yo qué sé
 este mundo
confabula

Agrietándose y abriéndose,
devorándome,

mirándome
así cómo me mirás
 con ese reproche
con esos ojos de lobo marino,
con esas pestañas,

las luces de los autos, acusándome
si cuando me mirás

con todas tus hidras saltándome encima
se te ve en la cara, es obvio
 y ya el mundo
está llorando, desahuciándose
antes de que vos
me digas casi sin voz
que querés llorar.