sábado, 1 de febrero de 2014

Insomnio III

el cuervo sobrevuela
desde el ventilador
hasta la cama

                 tengo insomnio
dice
y el pico
gorgorita risueño
su voz de cuervo

                 si duermes esta noche
                 me como tus ojos hasta las cuencas

cuervo en vuelo
dibuja ruinas circulares
en el techo

mira acezante
desde los libros terrosos
de la estantería más alta

                 soñabas
                el vuelo implacable de las hojas
                                                                    ...
                la navaja homicida de la culpa
                                                                    ...
                 la caricia subversiva del amor

                                                                   no soñaba
                                                                   no duermo

                 te desquiciabas en mi pico y mis plumas
                                                                 
                                                                    no es desquicio
                                                                    es madrugada

                 tengo insomnio
                 te revuelves
                 te sacudes
                 desde dentro hueles a cadáver
                 y a flores

                                                                    como la vida eterna y la primavera

                 o dormís o despertás
                 la noche no está
                 para andarse con vueltas

                 con qué sueñas

                                                                   que no sueño
                                                                   yo no duermo

cuervo cavila
desde su nido en vela
párpados malvados
dibujan ojos de gorrión

                 dormí
                 yo muero esta madrugada
                 ya despierta el sol

                                                                 
                                                                    si duermes esta madrugada
                                                                    como tus alas hasta el pecho
                        ya no tengo
                        alas para mantenerme alerta

                                                             no me dejes

                        hay que despertar en algún momento

cuervo trepa
mueve el torso entre las patas de la cama
ronronea
desaparece gatuno
entre el cielo amanecido
y la ventana
                             
                                                                 
                     ¿me abandonas

                     sola
                                                                    con la funesta claridad

                                  de la mañana?

gato prendido del cielo
deslumbra al sol
y  duerme en calma
                               



               

             


viernes, 31 de enero de 2014

Mortimer, dejate de joder

¿Conoces a Mortimer?

Mortimer es de esa gente
que otra gente lleva como un barullo
o un rumor
de viento cielo o río
en la boca y en las palabras

Mortimer
 dicen
y hasta él dice
tiene labios de cartón
pero a veces
habla y habla
y  a veces en las noches de domingo rezonga
en la comodidad umbrosa
de la miseria

Mortímer
manos de trapo
dicen
a veces tiene el tacto de las madres y de dios
redime y resucita

a veces nomás
cuando no va tras una pelota furtiva
algún amor inconcebible

pero yo conozco a Mortimer
no como esos que hablan

es un idiota
mis ojos son de vidrio pero lloro
dice

que se deje de hinchar
hay cosas que el mundo no permite
por su propio misterio

mortímer
marioneta insomne
titerucho

de verdad
que te valgan los años
el eco obtuso de la gente
tus manos de nada

andate ya
qué hacemos con tus a veces

sabes Mortimer
cara dura
vos no sientes ni el viento que te roza
ni la caricia de tu abuela

dejá
de hacerte el banana

sabes
mis ojos no son de vidrio
lloro siempre
si quiero

y mis manos
calientan cualquier pecho

qué te haces
con tu boca ficticia el artista
el poeta

qué te haces
la madre teresa
con tus manos de repasador viejo

andate de aquí
títere mañoso

llevate las palabras de tu coro zonzo de aduladores
llevate tu boca de cartón

ni los perros flacos
ni las noches de lluvia

 te conmueven

Mortimer pecho frío

cuando hagas llorar esos ojos truchos
hablamos




lunes, 27 de enero de 2014

nostalgia

Muero de tanta mugre y carroña cotidiana
muero de muerte y de verte y no verte y saber
que el tiempo corre cuesta abajo
como la lluvia o el llanto

he muerto tres veces querida
y otras tres voy a morir

estoy seguro que
mientras el mundo
sea lo que es
y yo esté 
donde no esté
voy a morir tres veces más

muero de pisarte
de verte de lejos
de soñarte
de verte morir insolada 
todas las noches
y resucitar al alba en el parque

muero de muerte querida
la muerte de todos los días
que va lamiéndote los pies
y te crucifica de a poco

el verano se pasa como el viento
sobre la ciudad
palpa los edificios
y muere

ve llover sobre la tierra
y muere

ve las estrellas fundirse en el cielo
y muere querida

y yo no quiero morir
esta noche de nuevo

ni en una semana ni en dos
cuando te vea
o no te vea

cuando esté y no esté 

y yo no quiero morir
ni querré mañana
pero muero
querida 
muero todos los días

muero
enterrado en esta salamanca
o en cualquier otra

y tres veces muerto

vuelvo a morir








jueves, 19 de diciembre de 2013

Por si no te vuelvo a ver

Córdoba, por si no te vuelvo a ver, y esta es la última mañana que me queda de diciembre, con cierta libertad porque "estoy de vacaciones", porque no tengo que estar encerrada y son las siete de la mañana, y entre el delirio ajeno por cagarse a puñetas (¿ah?),  uno que otro romance, y las ganas de comerme un buen guiso,  quiero decir, con cierta libertad porque estoy de vacaciones, y hace mucho que no eran las siete de la mañana, o sí, pero...

¡Está lindo afuera!
La cuestión Córdoba,
por si no te veo hasta dentro de un mes, o más, y no sé si a vos, a todo, mi guarida, tengo que escribirte algo
no por poesía ni por literatura que ambas se pueden ir a la concha de su hermana, perdón por la grosería si estás leyendo mamá,  sino porque sí, porque sos vos, y mal que mal sos mía, aunque le pese a todos los cordobeses xenófobos, cuyas calles usurpamos sin respeto.

Así que aquí estoy, escribiéndote algo, que no sé si es otra cosa más que decir que tal vez me voy ya a casa, que en cinco días es Navidad, y que de trescientos sesenta días de este año debo haber estado doscientos ochenta aquí, con ganas, porque sí, porque la vida, porque la no vida, y los no patos, y aquí andamos, escribiendo sin pretensiones, solamente para decir que un buen diecinueve yo sabía que no iba a rendir una materia, y que me iba a volver a casa, mi otra casa, la de verdad, donde están mi familia y mis gatos, para dejar mi casa de mentiritas, mi ficción, la guarida, el desierto del peregrino, qué sé yo, vos Córdoba.

Pero Milan Kundera, ay ay ay, dijo que cuando algo se te vuelve literatura, es infinitamente más real.

(¿Ajá? ¿Eso dijo? La gente lee cualquier cosa...)

En el fondo Córdoba linda, te empecé a querer, (a partir de treinta segundos que leas este mensaje te dejo de querer, parece que ser rompebolas se pega (y nunca despega)), te empecé a querer porque se me desbarataron todos los esquemas, o no por eso, pero se desbarataron. Tal vez porque son las siete de la mañana y a estas alturas, uno tiene todo desbaratado (ayer me desperté a las ocho, perdón), no carburo, quiero un chocolate y dormir. Pero siempre quiero chocolate, o dormir, nada más que tengo sueño, mucho sueño y hambre ya no, pero el chocolate...

Y ya ni sé qué espero para irme a dormir. Ni para qué escribo esto. Una especie de pseudo- despedida por si en febrero todo cambia y no te quiero más. Y ya estoy muriendo por volver a casa, o soñando con ir  a Buenos Aires, o nada, capaz que estoy aquí, y  primero
te quiero
igual.

Bajo la terrible esperanza y expectativa de saber que hay que volver a hacerse cargo de los asuntos pendientes (materias, los caños rotos, la gente, luchas metafísicas), te escribo esto como para decir nada, que chau, que me voy, que se acaba el año. que en cinco días es Navidad (¡La puta madre!), y que si hubiera estado en Santiago ya iría por la duodécima sandía. Que qué sé yo, Córdoba, hay que despedirse como corresponde, con los duelos, los abrazos y las palabras correspondientes, por lo menos las implícitas (ME VOY! materia del orto... ), aunque uno empiece a dejarles de creer.

Y así, después de haberme jurado a mí misma no volver a escribir poesía, no te puedo escribir una poesía, porque sería inútil, y te escribo otra de mis cartas, a vos, enunciataria ideal, porque no sos más que lo que yo creo (¿Ajá?, guarda.), y sí. Aquí estoy. Escribiéndote. ¡Pero no es una poesía! No es nada tan barato ni pretencioso ni urgente (urgente capaz que sí) como una poesía. Es más bien una confesión. Una carta. No se culpe a nadie si mañana ya no estoy aquí, son cosas de la vida.

Y en general uno podría agradecer, ponerse objetivos, porque se acerca fin de año.

Pero me di cuenta que los objetivos ( gracias a la pedagógica...) son la cosa más pelotuda que existe en el mundo. Porque mientras más plan tienes, más te sale el tiro por la culata, y bueno, qué vas a hacer, fue. Para eso decirse dos cosas, nada como aprender francés o volver a danzas o que me salga un rondó flic flac más bien, podría ser algo así como

qué sé yo

pensar a las siete y veinte que podría hacer polenta? no lo voy a hacer. Son ilusiones.

Qué sé yo, mejor ningún objetivo. Ni ganas de pensar.

Y bueno, eso. Que es de mañana, y que tal vez, sólo tal vez si consigo pasaje para esta noche es la última mañana del 2013, en que te vea bonita como sos cuando no hay gente por todos lados, cuando no hace un calor ni hay una humedad del quirquincho (iba a decir ocote...)

Sí, ociosa terrible. Te escribo para nada.

Buenas no noches, me voy a dormir.

Abrazo largo. Por las dudas.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

el piso

Yo he dicho, he dicho con mi santiagueñismo a cuestas, que no voy a volver a escribir poesía. 
Es uno de esos compromisos místicos con uno mismo, algo a lo Juramento Inquebrantable.

Hoy la necesito, necesito algo que sea sin ser. Que desenvuelva este mambo de razones y sinrazones, esta cosa horrible de andar pisando en falso, avanzando porque sí. Caminando derecho, total, llega.


Algunas poesías, algunos escritores, tienen, ay, un poder tan incuestionable. Sus frases parecen tan pero tan convincentes. Como verdades universales, intransgredibles, destinos ineluctables, como las encíclicas cantadas, y el niño con cola de chancho.


En cualquier lugar que estuvieran, recordaran siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera.(Cien años de soledad, G. García Márquez)


¡Ay Gabo!

Cuantas verdades todas juntitas apelotonadas.

Porque qué otra cosa hay  que algo con lo que anclar en el mundo. ¿Hay algo más triste que poder escribir los versos más tristes esta noche? ¿Algo más trágico que Edipo cruzándose en el camino con Layo?


Quiero decir que en la literatura, dentro de ese universo, cada frase es verdad universal, en ese microcosmos. No hay que optar. Bajo el designio trágico de ese mundo cerrado solamente podemos ver a Patroclo poniéndose la armadura, solamente podemos ver al desencuentro irremediable de Oliveira, la inminencia de Barranca Yaco, ¡No hay opciones!


Si vos abres cualquier edición del Adán BuensAyres en los primeros capítulos va a estar siempre Solveig jugueteando con el libro azul. 


Quiero decir que no hay nada que podamos hacer.



Ante el caos, ante el azote del mundo, con sus múltiples caminos, todos vedados excepto uno, con todos los candiles apagándose, ante esa inminencia de que el tiempo, y no el tiempo, la vida, y no la vida, vos estás pasando, te estás yendo, qué más queda ante eso que parece que no podemos entender, que todo el mundo se empeñó en que "el misterio de Dios", en que la clausura semiótica, en que no hay nada que se pueda entender, y desde que decimos que nada se entiende, que no hay bueno o malo...

¿Dónde estamos?

Quiero decir, ¿a dónde vamos? ¿Dónde anclar?


Si todo fuera tan fácil como saber que Voldemort es malo y Dumbledore es bueno, si todo fuera tan fácil como esa violencia del destino de ser Fedra o Antígona, siendo siempre Fedra o Antígona, destinado inevitablemente, determinado desde hoy y para siempre,  que cada vez que leamos esos nombres se repite la historia fatal. 


Por
que cuando lo que creías tambalea, cuando se te va serruchando el piso, a ¿dónde estamos parados?

¿Se puede ir desde la nada a la nada?


¿Caminante no hay camino, se hace camino al andar?


¡Horror de los horrores!


Pero hoy, para mí, para vos, decime, ¿qué es el horror? 




Darío, Darío... con tus palabras precisas, perdón, perdón, por decir que no me gustabas en el coloquio de latinoamericana. 


¡Por algo sos poeta!

(...)Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...(Lo fatal, Rubén Darío)



viernes, 29 de noviembre de 2013

No voy a escribir más poesías

Hoy, con la misma determinación con que Sor Juana se cortaba el pelo si no llegaba a estudiar lo que se proponía, voy a dejar de escribir poesía.
Hoy, con el mismo pacto tácito con el silencio con que Oliveira y los del Club de la Serpiente no le dicen a La Maga que Rocamadour (Rocamadour, bebé...) ha muerto, voy a dejar de escribir poesía.
Hoy, con la misma eternidad con que el Coronel Aureliano Buendía recuerda el día, aquel día, que su padre lo llevó a conocer el hielo, voy a dejar de escribir poesía.


Esta misma puta noche, con el mismo descaro con que un pelotudo toca bocina a las dos menos veinte de la mañana, voy a dejar de escribir poesía.

¡Porque no sirve para nada! Porque en el maldito momento de escribir poesía hay un lápiz. Porque donde hay un lápiz hay una mano. Y donde hay una mano torturando un papel, hay un sinfín de historias más que merecen ser contadas. Más. Como las cucarachas. Donde ves una cucaracha, hay cuarenta, leí.

Cuarenta cucarachas. Y vos ves una. Y de seguro vuela. Las cucarachas no son poesía.

Donde dices que hay cuarenta, apenas hay una. Y es un engaño horrible.

Porque la poesía no está en la erudición ni en la pinche y aburridísima muerte filosófica, ni en la precocidad de publicar un libro antes de los veinte años a no ser que te llames Rimbaud o te lo hayas garchado a Verlaine. Dos de dos.

Hoy, porque sí, o no, con tantas razones como dada se llama dada,  voy a dejar de escribir poesía.

Porque todo, Córdoba, vos, y vos, pero en especial yo, y mis panfletos poemáticos, nos podemos ir a la mierda, rapidito, en patineta, en bici, en colectivo, a la mierda.


Hoy voy a dejar de escribir poesía, ese intento patético y reverencial de creerse que uno puede estar a la altura de lo universal
esa egolatría ridícula de creer que en esas cifras, las cifras de las palabras, hay algo trascendente, que va más allá.

Nada va más allá si nadie lo entiende.
Yo no voy a escribir más poesía.

No es mentira. Mentira es la poesía. Yo no voy a mentir más.

Nada que se agote en treinta palabras es
a) un reflejo de la belleza
b) misivas para un ser amado
c) espejo del mundo
si
a) nadie las lee
b) nadie las entiende
c) a nadie le interesa.

La poesía es, ni sé qué es, y ¿saben qué? La gente dice que no se sabe qué ---- es una poesía.

Que no hay algo que defina la poesía.


Pero en cuanto algo se asoma mucho a una poesía o se aleja mucho de la poesía o  le baila por los costados,
no es nada.



Yo

quería hoy
que la ciudad me toque con su varita mágica, con la varita de la lluvia, de que es Nueva Córdoba y es viernes y no hay tanto ruido, y creo que
escribir algo así como una poesía. Esa cosa que nadie dice saber qué es, pero de repente,  todos parecen acordar en que tiene ESTA forma ESTAS palabras ESTAS alusiones ESTO, ¡ESTA!

La poesía, es el mal de todos los siglos.

Hacete un favor, y hacele un favor a la poesía, y no la nombre(mo)s  más. Así veamos alguna vez si sabemos de qué se trata.



Al cabo que nunca fue lo mío.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Corolario II


[en el fondo siempre
estamos contando la misma historia]
         
vas a aparecer [amor]
como siempre te has aparecido

en los poemas
en la vida

          a hurtadillas
venido del cielo
colgado del telar añil de la noche
                 
una y mil veces
salvador